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El culto a la serpiente en la antigüedad.

La presencia del tema de la serpiente en la iconografía peninsular, dentro del variado mundo de las creencias religiosas, se presenta de una forma tan variada, su interpretación tiene tantas facetas, que su sentido se nos escapa a menudo. Por eso, a lo largo de nuestros estudios sobre el tema de la religión romana en Hispania, la serpiente que aparecía una y otra vez, acompañando a dioses y diosas de características tan diferen­tes como Diana y Esculapio, Proserpina, Cibeles..., atrajo nuestra atención. Y aunque un análisis exhaustivo del tema nos parece tan escurridizo y sinuoso como la serpiente misma, también es cierto que su gran interés no nos permite dejarlo de lado.

En primer lugar, la serpiente aparece como símbolo de la muer­te. Su aspecto es repulsivo, se le asocia generalmente como genio del mal, con las tinieblas, con la tierra. Pero también es el símbolo de la medicina y por ende de la salud y la vida, de la resurrección. La serpiente es un animal que aparece y desaparece, que cambia de piel en primavera, que renace después de un largo invierno de frío y de muerte. Ambivalente, se le asocia al espíritu de los muertos, a la vez como muerte y resurrección. Cerrándose en circulo, representa el símbolo solar, fuente de vida y poder, señor del universo.

La Península Ibérica está colocada en una posición intermedia, de puente, entre las tendencias que podríamos llamar "nórdico­solar" y "mediterráneo-subterránea". Los diferentes pueblos que con sus múltiples creencias han dejado las huellas de su paso y asentamiento en Hispania han tenido en común este motivo iconográfico de la serpiente; de aquí las dificultades que el tema y su interpretación entrañan para el investigador.

Sabemos en primer lugar de la existencia de un culto ofiolátrico en la protohistoria peninsular( 1)  y hallamos a la serpiente en los cultos celtas del Noroeste (Galicia y región del Miño)(2), cultos conoci­dos sobre todo por los estudios de Bouza Brey y López Cuevillas( 3), que indican una coinciden­cia <entre las creencias del pueblo celta invasor y el invadido; es decir, que el culto a la serpiente en Hispania es anterior a la llegada de los sefes celtas y, posi­blemente, autóctono. En el exvoto de Castelo de Moreira, según López Cúevillas  ( 4 ) que  reproduce una escena de sacrificio en la que la serpiente es la divinidad a la que se hace la ofrenda. De aquí la certeza en la existencia del citado culto ofiolátrico, cuya derivación y reminiscencias serían las múlti­ples leyendas y relatos en lós que figura este animal como protagonista y que han llegado a nuestros días.

De la presencia del culto a la serpiente en lugares elevados nos da alguna idea la toponimia actual de la región gallega (Montaña de Serpe, en las estribaciones montañosas del macizo de D. Ramiro, de donde prove~ía una invasión de serpientes que expulsaron a los habitantes del monte dos Castelos, en Entrimo (4bis) Esta presencia la hallamos también en la Biblia (5).

Es así mismo muy curiosa la ceencia recogida en una extraña copla, en que se cuenta que las serpientes, al hacerse viejas, mar­chaban a Babilonia, donde se tienden a lo largo y se llenan de musgo, tomando el aspecto de un tronco de árbol derribado (6).

Tampoco faltan en el folklore gallego y asturiano las leyendas piadosas de santos y almas en pena a las que encontramos unida la serpiente( 7) , así como las almas  de los  difuntos que toman esta forma, al igual que hace Anquises en el rito de la parentalia( 8) .

También en este sentido la interpreta Cumont( 9) , quien al hablar del espíritu de los muertos que desciende a las profundidades de la tierra dice que se representa desde antiguo en forma de ser­piente, asimilado a ella.

Asimismo ésta es la teoría de Nilsson( 10 ) refiriéndose al hecho de que la serpiente llegó a ser un símbolo que representa al difunto y del que se podría prescindir sí éste era representado en forma humana, mientras que Malten( 11 ) llegó a la conclusión de que la presencia del caballo, así como la del perro y la serpiente, ha de interpretarse como una antigua forma de representar al difunto.

 

 

En general, casi todos los autores están de acuerdo en afirmar al carácter funerario de la serpiente. Lavedan, Blázquez, García Bellido( 12) , confirman esta interpretación, que, sin embargo, nos parece demasiado simplista. Tampoco Cumont está de acuerdo con Nilsson en este punto, y sus opiniones, sobre todo teniendo en cuenta el estudio de las fuentes latinas, nos parecen las más acertadas, aun­que unas no excluyen a las otras, es decir: La serpiente es un animal funerario, y como tal se la tomó, dada su presencia alrededor de las tumbas, atraídas por las libaciones funerarias de leche y miel; de aquí a la interpretación popular como almas de los difuntos sólo hay un paso. De la misma forma, por su veneno, fueron consideradas como símbolo de la muerte, ya que la presencia de especies de víboras venenosas es común en toda Europa y en la cuenca mediterránea, incluida España(( 13)  De aquí el temor ante su presencia y la fabricación de amuletos, fibulas y objetos de carácter apotropaico ( 14 ).

De esta consideración como portadora-acompañante de la muerte se deduce, lógicamente, su adscripción a divinidades del mun­do subterráneo, relacionadas con ciclos agrarios: Ceres, Tellus, Proserpina; mientras que la mágica protección de su presencia puede que el factor positivo que para la economía neolítica debió repre­sentar su carácter depredador de ratoncillos destructores de cosechas, la hiciese aparecer como beneficiosa y la ligó a las divinidades de la salud: Salus y Esculapio, sobre todo teniendo en cuenta que la llamada serpiente de Esculapio es la Elaphe longissima, también llamada serpiente de pollo y serpiente de árbol, que es inofensiva, muy extendida por Europa y Asia Menor.

La fauna española y la mediterránea en general cuenta, como ya dijimos, con el género vípero, tan venenoso, y que se pudo con­fundir a nivel práctico. También sabemos que del mal se obtiene el bien, que del veneno de la serpiente se consiguen antídotos para su mordedura y que la serpiente como sanadora es conocida en diversas culturas, así como su presencia en relación con los oráculos, profecías y fecundidad.

Así pues, nos encontramos con que la serpiente es representada con carácter ambivalente: posítivo, en cuanto que su presencia es beneficiosa, portadora de salud, dadora de vida, y negativo, como ligada a la muerte, á las divinidades subterráneas y a las representaciones de los difuntos.

De su presencia en las diferen­tes culturas, tanto peninsulares como europeas y asiáticas ya se hicieron eco Bouza Brey y López Cuevillas, señalando que, sin que se sepan las causas fijas, el tema de la serpiente es una constante, es uno de los animales que juegan un papel más activo en las reli­giones y en lugares tan dispares y apartados como la India, China, Caldea, Babilonia, Grecia, Roma (centro de cuyo culto era Lanuvio), China, Japón y diferentes religiones de América del Sur, Africa y Oceanía.

Más cercana a nosotros, la encontramos en esculturas relacionadas con los cultos mitraicos. Son frecuentes los personajes masculinos con serpientes enrolladas ( 15 )   cuyas circunvoluciones son interpretadas generalmente como símbolos de ascensión planetaria. Las siete vueltas de la serpiente alrededor del cuerpo recuerdan, tal vez, la fuerza que las esferas planetarias oponen a la ascensión del alma hacia la inmortalidad( 16) , en tanto que si la serpiente es interpretada como un símbolo de la tierra se podría pensar que es una forma alejandrina de esa misma tierra (Semele)( 17) . Tal vez esto sea un tanto sofisticado y la respuesta sea mucho más sencilla. A este respecto parece mucho más convincente la explicación del profesor Bendala Galán( 18), para quien la serpiente en estas estatuas mitraicas es una materialización de la fuerza vital de la roca de la que nace Mítra. Y es en relación  con esta fuerza vital, con este nuevo sentido positivo, donde aparece, en relación con la serpiente, un nuevo concepto: el de inmortalidad( 19).

Los antiguos ya conocían este sentimiento y Pericles, en su  elogio fúnebre de los guerreros caídos en Samos, afirma que los que mueren en combate por su patria se convierten en inmortales como los dioses( 20) ; Cicerón, abordando el tema de la inmortalidad en las Tusculanas, invoca en su favor el hecho de que se ha creído en ella desde la antigüedad ( 21).

La serpiente como representa­ción de esta creencia, de esta esperanza, sería reproducida en las estelas funerarias, en las pin­turas de las tumbas, ya como espíritu, ya como genio o daimon  y como bien dice Cumont:

«Sin duda, mientras haya hom­bres y la medicina ~o pueda ase­gurarles la renovación perpetua del vigor juvenil, se preocuparán por el gran misterio del más allá»( 22).

Ovidio, Plinio y Elieno ( 23)  recogen la curiosa creencia de que la espina dorsal de los hombres se convierte en serpiente en el sepulcro.

Esta familiaridad de los romanos con las serpientes no se manifiesta solamente en las pinturas

funerarias y estelas, pues a menudo tenían serpientes no venenosas como mascotas en sus casas y en las termas. Sus ideas pues de este animal, no era la del genio del mal, transmitida por la tradición semita, sino la de que la serpiente era inofensiva y beneficiosa( 24).

Como parte de esta tradición semita podemos encontrarla ligada a la leyenda de Delfos, como símbolo del mal al que vence Apolo, divinidad solar, y nuevamente como fondo de una vieja tradición encontramos a la ser­piente Erictonios, la encargada de guardar en la Acrópolis el árbol de Minerva (25).

Durante el Imperio, el pueblo romano conservaba las costumbres antiguas, las viejas creencias agrarias de muerte-resurrección­renovación, aunque se las superpusieran otras doctrinas sobre la vida de ultratumba y vida futura. En las inscripciones de esta época se lee con frecuencia HIC RE­QUIESCIT o QUIETI AETERNAE( 26)

La idea del descanso en la tumba se concilia con la idea de vida futura del alma(.27)

La serpiente se utilizó también en la antigüedad para hacer profecías. Los griegos consideraban como muy próximos el sueño y la catalepsia, en la que el alma, liberada de las ataduras materiales podía vagar por el espacio infi­nito, abandonando el cuerpo, y comunicarse con los muertos( 28)  que conocen el porvenir y así tenemos que recordar la presencia de la serpiente Pyton en el oráculo de Delfos, pues fue precisamente sobre un templo antiguo de la serpiente donde se construyó el templo de Apolo( 29).

Hallamos también a la serpiente ligada al tema de la fecundidad femenina, en relación con la diosa Juno. El calificativo de MATER que ocupa un segundo lugar tras el nombre de la diosa, tiene un valor pleno según Dumézil y recuerda las fiestas de la Lucina romana, son llamadas «Matronalia»: Fiestas de la fecundidad, de las mujeres casadas y madres romanas. A este propósito se puede interpretar como signo de fecundidad la famosa serpiente de la Juno de Lanuvio( 30) , serpiente que vemos en la tradición romana en historias como la de Tiberio Sempronio Graco, el cual obligado por los arúspices, a los que había consultado, a sacrificar a una de las serpientes halladas en el lecho conyugal, con lo que morirían él o su esposa, al preferir morir él que matar a su mujer, salvó la vida y su esposa concibió, según nos cuenta Plutarco y Valeriano Maximo (31).

Hallamos también a la serpiente ligada al nacimiento de Escipion, de quien se cuenta que fue concebido por una serpiente enorme que se veía a menudo en la habitación de su madre (32)

también a su muerte, ya que en Linternum, en Campania, lugar donde se hizo inhumar, no que­riendo dejar sus huesos a su ingrata patria, se mostraba la gruta donde reposaban sus restos y donde, se creía, una serpiente guardaba sus Manes (32).

Esta serpiente, pues, símbolo a la vez de la vida y de la muerte, no sería para los pueblos antiguos más que la fuerza de la tierra, la vieja creencia agraria en la fecun­didad casi mágica de la tierra que hacia nacer y crecer a todos los seres vivos y que, como la ser­piente, cerrándose en un circulo mágico, enlaza el eterno tema de la vida y de la muerte, en un con­tinuo fluir tan viejo y eterno como el mundo y el hombre.

Así pues, nos parece que la presencia de la serpiente, tanto en inscripciones sepulcrales como en estelas funerarias, en las pinturas de las tumbas, etc., debe interpretarse como un símbolo de fecundidad y supervivencia, que en el último caso se reducen a una misma cosa: Vida( 33) .

 La serpiente, pues, no es un animal de los muertos ni un animal funerario, sino que su presencia en estos lugares se debe al deseo y a la creencia de estos pueblos de no desaparecer para siempre, en la creencia de una forma, llamémosla como la llamemos, de inmortalidad, que ha sido el deseo del hombre desde su aparición sobre la tierra y que se ha extendido y pervivido a través de todas las religiones, hasta nuestros días. Esta forma de entender la serpiente como símbolo de supervi­vencia enlaza también con el espíritu práctico, pragmático, del pueblo romano (que sobre todo en el imperio se distinguió por un claro excepticismo de las clases populares), que buscó sus divinidades sobre todo en las que podría encontrar un bien (la salud, la victoria o protección contra el enemigo) y que en España se refleja en el extraordinario auge de las actividades protectoras de la salud y las victorias militares.

Entendiendo a la serpiente como imagen de lo que perdura, símbolo de vida y de esperanza, se conjugan perfectamente las ideas hasta aquí expuestas sobre la interpretación de los sueños y profecías, su aparición en los sarcófagos al lado del huevo (no comiéndolo o destruyéndolo sino como complemento a la idea de eternidad), y la creencia de que la médula espinal del hombre se convertía en serpiente en el sepulcro, nos enlaza asimismo con las teorías de alma espermática, admi­tidas desde Pitágoras hasta los hipocráticos, pasando por Demócrito, Platón, Aristóteles y los estoicos y que los autores de la época clásica han repetido( 35).

Y aunque como dice Cumont (36) , esta explicación aclara, evidente­mente, todos los bajorrelieves donde aparece la serpiente y hay que ver en cada uno su sentido parti­cular, nosotros analizándolos en conjunto, vemos que sí, que al interpretar a la serpiente en sen­tido «positivo» y extenso, sin ceñirnos a conceptos que, como genius, alma, soplo vital, daimon, etcétera, tratan de encerrar, em­pequeñecer o constreñir un concepto tan  amplio y universal como el de supervivencia o fuerza vital. Esto es, en definitiva, en un lenguaje de símbolos, lo que la imagen «Serpiente» ha significado para las religiones antiguas.

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